jueves, 1 de julio de 2010

Juegos perdidos

Es un juego, un simple juego. O quizás no sea tan simple.

Es un juego sutil, pero eso parece haber sido olvidado. No sé quien se ha quedado con la sutileza, pero si antes la tenían ellas, ahora no la tiene ninguno de los dos. Y en eso consiste saber jugar, en ser sutil. En insinuar y no enseñar.

Y van quedando pocas jugadoras que practiquen verdaderamente bien este juego. De las que saben jugar con clase, que poseen el don de sugerir elegantemente lo que más deseas, para darse la vuelta y marcharse con altivez, dejándote un deseo para nada sutil.

Tienen el poder de hacer con tu voluntad lo que se les antoje, pero jamás van a demostrártelo. Puede que no luzcan toda la piel que se supone debe lucirse, pero nadie compondrá mejor una sonrisa entre pícara e inocente.

Y los ojos, la mirada. ¡Qué placer es admirar los ojos de esa clase de mujer! No vas a conocer campo magnético más fuerte que el de una mirada que sabe insinuar aquello que oculta bajo la ropa.

Ellas saben que nada atrae más que lo misterioso, lo prohibido. Qué mejor tentación que ocultar lo que se tiene, para dejárselo entrever a aquel que sepa seguir las reglas no escritas.

Ahora le han robado la gracia al juego, ahora ellos hacen poco y nada por poseer vulgares mujeres que se regalan a sí mismas, olvidándose del tesoro de la seducción.


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